El martes pasado, un grupo de vecinos de Dock Sud se reunió en la sede de la cooperativa para ordenar el calendario de actividades del segundo semestre. Lo que parecía una reunión administrativa terminó siendo un ejercicio de escucha que definió prioridades concretas para los próximos meses.
La convocatoria fue abierta y llegaron unas cuarenta personas, entre referentes de comedores, voluntarios de los talleres de formación cívica y vecinos que participan por primera vez. La idea era simple: revisar qué iniciativas funcionaron durante el primer semestre y cuáles necesitaban ajustes antes de seguir adelante.
Lo primero que surgió fue la necesidad de coordinar mejor los horarios de los talleres de apoyo escolar con los de las ferias comunitarias. Varios voluntarios señalaron que se superponían y que eso hacía que algunas familias tuvieran que elegir entre una actividad y otra. No era un problema de recursos, sino de organización.
Después de casi dos horas de debate, se acordó reorganizar el cronograma semanal: los talleres de formación cívica pasarán a los martes y jueves por la tarde, mientras que las ferias de intercambio se mantendrán los sábados por la mañana. También se definió que cada comedor designará a un referente para que participe en la mesa de coordinación mensual.
Otro punto que generó consenso fue la necesidad de registrar mejor las experiencias de cada iniciativa. Varios vecinos propusieron armar un cuaderno de actas comunitario, donde queden asentadas las decisiones y los compromisos asumidos. Así, quien no pudo asistir a la reunión puede ponerse al día sin depender de un resumen informal.
La sesión cerró con tres tareas pendientes: relevar los espacios disponibles para ampliar el taller de oficios, contactar a una organización que ofrezca capacitación en gestión de cooperativas y preparar un informe sobre la participación en las últimas actividades. La próxima reunión está prevista para el primer jueves de abril, y esta vez se hará en el comedor del barrio para facilitar la asistencia.
Lo más valioso de la jornada no fue la cantidad de acuerdos, sino la forma en que se llegó a ellos. Se habló con franqueza, se escucharon las objeciones y se ajustaron las propuestas sobre la marcha. Para quienes participamos, quedó claro que la planificación comunitaria funciona cuando se hace con tiempo y con la gente adecuada en la mesa.